La adaptación al jardín

Para un niño[1] pequeño, empezar el jardín no es nada sencillo. Separarse del adulto que acompaña[2] y quedarse con alguien desconocido en un lugar desconocido seguramente no será de su agrado, y es posible que para su familia este sea el primer lugar en el que lo dejan; por lo que, como adultos que recibimos, debemos ser muy responsables y respetuosos, organizar ese recibimiento a fin de que el niño pueda sentirse seguro, tranquilo, y quiera quedarse con alegría. La idea de este artículo es poder acompañar a todos los adultos implicados en este proceso, familia y docentes.

La familia y el jardín se preparan juntos

“La adaptación no sólo significa que tiene que separarse de la madre si no que tiene que construir una relación significativa con una persona desconocida con la que más adelante se va a sentir a gusto”.

Judit Hafner, noviembre 2016, curso Socialización. Instituto Pikler.

El jardín debe estar preparado para recibir al niño, debe hacer saber a la familia que ese es un lugar donde podrá dejar a su hijo con confianza porque se trata de un lugar escogido para él. Cada jardín tiene su forma particular de organizar este período de adaptación, pero estoy convencida de que la presencia del adulto de confianza a la vista del niño hace que él pueda estar tranquilo y realmente disfrute de lo que sucede en el nuevo espacio.

Poder coordinar una entrevista antes de que el niño inicie el jardín, donde se encuentren todos los adultos que estarán con su hijo, es muy importante para conocer al niño. En esa primera entrevista deberíamos preguntar todo sobre la vida cotidiana de ese niño, comentar las expectativas que el jardín tiene de la familia y que la familia asimismo pueda contar sus expectativas; una comunicación clara y honesta ayuda a construir el vínculo y la confianza.

Podemos dar las preguntas por escrito para que la familia pueda redactar las respuestas en casa con tranquilidad, quizás en la reunión se olvidaron de algo que les parecía importante informar. Esa entrevista luego deberán dejarla en el jardín. Es importante que las preguntas sean sobre la rutina del niño, y otras relacionadas al juego, recordemos siempre que queremos conocer a esa personita que vamos a recibir.

Si es posible, propongamos una visita al jardín con el niño antes del inicio, de manera que se pueda ir anticipando el lugar que la familia eligió para que pase unas horas del día junto a otro adulto y niños. En casa se puede ir conversando sobre el jardín, anunciar el nombre de la maestra que lo va a recibir, cómo es el lugar, el nombre de algunos compañeros, etc., todo ayuda a ir preparando este proceso con clama.

Como expresé al inicio, para muchas familias, el jardín es el primer lugar donde dejan a su hijo, por lo que debemos brindar tranquilidad. Toda la familia deberá acostumbrarse al nuevo ritmo, lo que puede generar ansiedad, incertidumbre, y alegría a la vez.

Debemos ser claros, ANTICIPAR siempre, pensemos que la familia no tiene por qué saber cómo adaptar a su hijo al jardín, para eso estamos los profesionales, para acompañar con responsabilidad. Podemos decir que para que el niño se quede tranquilo y transite este proceso junto con el adulto que es responsable de él es conveniente que siempre lo acompañe la misma persona en la adaptación; suelo recomendar que sea aquel al que le resulte más sencilla la separación y que respete el horario. Es recomendable comentarle al adulto que debe saludar al niño cuando se va, que le diga “te vendré a buscar después de tal actividad”, ya que este anuncio calma la ansiedad y brinda la seguridad del regreso. Otra cosa importante es informarle al adulto que acompaña que tenga tiempo para realizar la adaptación, porque quizás deba venir por el niño antes de lo previsto; es necesario resaltar que cada niño tiene su ritmo, y para que este proceso concluya de la mejor manera siempre se debe decir la verdad y cumplir.

Una pauta clave es no hacer dudar al niño si se quiere quedar o no, la seguridad con la que el adulto se despide es fundamental. Por eso, conversar con la maestra, que el niño vea y sienta que el adulto que acompaña tiene una buena relación con la maestra, poder soltarlo, entregarlo con amor, querer que se adapte y hacérselo saber a través de la palabra y los gestos inspira confianza.

La maestra debe estar siempre disponible, hablar con el niño, dirigirse a él, colocarse a su altura. No atosigarlo, esperar a que el niño se sienta cómodo y que sea él el que la busque. La maestra debe ser flexible ante cualquier situación. Al igual que el adulto que acompaña, la maestra que recibe al niño en el jardín deberá ser la misma siempre; al transcurrir los días, el niño sentirá mayor seguridad, sabrá quién estará esperándolo y así se irá construyendo un vínculo. Es importante observar cómo entra el niño (si tiene ganas o si no quiere entrar, si está siempre aferrado al adulto que acompaña). Si el niño no se aparta, no le decimos al adulto que salga, sino que esperamos, recordemos que la maestra es aún una desconocida, la relación con ella se tiene que construir.

Preparar el espacio

Puede ser de gran ayuda preparar un espacio con material que sea atractivo, incitar la curiosidad, quizás tener a la vista del niño algún juguete que la familia haya comentado en la entrevista que le gusta, para que sienta que han tenido en cuenta sus intereses.

El adulto que acompaña estará presente, de una manera interesada pero sin involucrase en el juego, será observador de la situación, por lo que es conveniente que tenga un sector de la sala para sentarse. Habrá niños que enseguida van a jugar, otros a los que les gustará observar cerca del adulto, otros que jugarán con el material próximo al adulto. Debemos ir de a poco y observar a cada niño, sus manifestaciones y sus forma de estar en el espacio, permanecer cerca y atentos sin invadir.

La maestra tiene que entablar relación, tratar de comprender lo que el niño dice o piensa es otra forma de mostrarse interesada en él. Puede mantenerse en su lugar, pero acompañarlo con palabras. La actitud debe ser de mucho respeto, no acercarse demasiado, agacharse al nivel del niño, hablarle muy tranquilamente. Algo que puede ayudar a la maestra es tener un orden de lo que sucederá y que este perdure en el tiempo, esto da tranquilidad. El objetivo del jardín será que el niño se quede con alegría, que disfrute mientras se encuentra en el lugar, para eso debe confiar en la maestra, por lo que ella nunca debe mentir ni engañar al niño en ninguna situación que se presente.

El adulto que acompaña podrá ir dejando el espacio común del niño de a poco, al principio es importante que tenga tiempo por si la maestra lo necesita, avisar al niño que se irá un momento y volverá a buscarlo; pensemos que en este período de separación se debe ser muy respetuoso, recién a los cuatro años un niño podrá entender que el adulto que acompaña vendrá a buscarlo al final de la jornada, es decir, recién a esa edad tiene la capacidad de entenderlo por más que no sea de su agrado.

Cuando la maestra despide al niño del jardín puede comentar lo que sucederá al día siguiente, por ejemplo: “mañana vendrás nuevamente con tu mamá y te estaré esperando con los autitos que jugaste hoy en el patio”. De esta forma muestra interés por el niño y anticipa, da una continuidad.

El niño necesita tiempo

Generalmente, los niños permanecen unos minutos cerca del adulto, para de a poco ir tomando distancia. Es el niño el que va tomando distancia, no nosotros que lo empujamos, y lo hace cuando se siente seguro, convocado por algo que sucede a su alrededor, y con la certeza de que el adulto que acompaña esta ahí.

Los primeros días observamos que los niños van y vienen del juego al regazo del adulto, necesitan de la recarga emocional para seguir jugando. En la primera infancia, el niño se encuentra atravesando la angustia de separación, interiorizar la figura de apego, demuestra que hay una vinculación fuerte con estas personas, si estoy con la persona de confianza eso me garantiza mi supervivencia, es saludable. Muchos niños observan antes de involucrarse, miran, sonríen, disfrutan de estar. Otros toman distancia del adulto y cuando se dan cuenta de que el adulto en algún momento se va a retirar, se angustian, por eso es importante nunca dejar a un niño en un lugar sin avisarle, por más que manifieste estar descontento.

¿Cuáles son los elementos que ayudan al niño en su adaptación?

  • Que todo esté preparado, secuenciado, planificado con tiempo.
  • No apresurar al niño.
  • Que el adulto que acompaña prepare bien el momento de la ida al jardín.
  • Que el adulto que acompaña se muestre conforme y contento en el proceso, que no retenga al niño entre los brazos, lo entregue con calma y su lenguaje corporal sea atento pero no cerrado.
  • Si el niño tiene un objeto transicional de apego, que lo pueda llevar al jardín.
  • Tener una foto familiar en el cuaderno o para poner en la sala, si es necesario la maestra podrá utilizar esta foto como herramienta. Conversar de momentos familiares da tranquilidad. La familia debe estar siempre presente en el jardín aunque no lo esté físicamente sino en el recuerdo.

La pandemia

Informar a las familias las medidas de seguridad para que también puedan conversar con sus hijos, aclarar todas las dudas. Inspirar confianza. Explicar a los niños las medidas de prevención acordes a su edad, no transmitir miedo. Buscar un equilibrio entre la salud física y emocional y preservar todas las necesidades de los niños.

La clave es tener una buena comunicación entre la familia y la institución. En estos momentos, el trabajo en equipo garantiza el bienestar de todos los miembros de la comunidad.

Aprovechar este momento en el que tenemos que mantener distancia para preparar espacios atractivos y dejar que el niño se dirija al lugar que desea, sin consignas y sin tener que hacer todos lo mismo.

Es favorecedor el hecho de sean pocos niños en presencia del adulto que acompaña, para que la maestra pueda estar más tranquila y atenta a las necesidades de cada niño.

*Lic. en psicomotricidad educativa. Formación en curso de la Pedagogía Pikler, Hungría, Budapest. Prof. de sordos e hipoacúsicos. Creadora del espacio Juego y Crianza desde el año 2015. En la actualidad trabaja acompañando a familias en la crianza de sus hijos/as, brinda talleres a familias y profesionales basados en la Ped. Pikler. Contacto: hola@juegoycrianza.com.ar. IG: juegoycrianza

Bibliografía

Kelemen, J., Hafner, J. y otros (2021). El día a día en la escuela infantil. Vida en tiempos de pandemia. España: Pikler-Lóczy Euskal Herriko.

Sánchez, S. (2020). El período de adaptación. España: Escuela Bitácoras.

Szoke, A. y Hafner, J. (2016). Curso Socialización. Chile: Instituto Pikler.


[1]Si bien reconocemos y apoyamos los recursos lingüísticos disponibles para visibilizar el género y la sexualidad de las diferentes corporalidades, en este artículo utilizaremos los términos “bebé”, “niño” e “hijo” para referir a niños, niñas y niñes, o como cada cual prefiera leerlo, a fin de hacer más fluida la lectura.

[2] Madre, padre, abuelo, abuela, persona que acompaña desde la casa.