Tres hitos del desarrollo motriz temprano: acompañar sin intervenir
Por Vanesa Valle
En este artículo te propongo reflexionar sobre tres hitos del desarrollo motriz temprano que suelen generar dudas en las familias: el momento en que el bebé logra ponerse solo en la posición boca abajo, alcanza la postura de sentarse y comienza a caminar con autonomía. Frente a estas situaciones surge una pregunta frecuente: ¿es necesario ayudar al bebé a alcanzar cada postura o desplazamiento, o llegará por sí mismo cuando su cuerpo esté preparado?
El enfoque del movimiento libre ofrece una respuesta clara y fundamentada: los bebés poseen una capacidad innata para organizar su desarrollo motriz sin intervenciones que aceleren o dirijan el proceso. Acompañarlos implica confiar en esa iniciativa interna y ofrecer un ambiente que favorezca la autonomía, donde cada postura sea conquistada por el propio bebé en el momento en que su maduración neuromotora lo permite.
Desde los primeros meses de vida, el cuerpo del bebé está fisiológicamente preparado para avanzar de manera progresiva hacia nuevas posturas. En la posición inicial boca arriba —con la espalda y la cabeza bien apoyadas— comienza a descubrir su cuerpo, observa y explora sus manos, gira la cabeza, desplaza el peso y ensaya pequeños movimientos que lo llevan, primero, a la posición de costado y, cuando su musculatura está lista, a ponerse boca abajo. Este proceso continúa con nuevas conquistas: apoyos más estables, giros más fluidos, desplazamientos en el suelo y, más adelante, la postura de sentarse y la marcha segura.
Lo que el bebé necesita para desplegar este recorrido es un ambiente simple y seguro: una manta lisa sobre un piso firme, ropa cómoda que no limite el movimiento y extremidades libres para explorar. En ese contexto, cada avance surge de su propia iniciativa y se integra de manera coherente en su desarrollo global.
A partir de aquí, me detendré en cada uno de estos hitos que deseo desarrollar.
Llegar solo a la posición boca abajo
Cuando el bebé alcanza por sí mismo la postura boca abajo, es frecuente que aún no tenga la fuerza suficiente para regresar a la posición inicial. Esto es completamente esperable y forma parte del proceso natural. Aunque el movimiento es libre, no implica dejar que el bebé se frustre: si queda incómodo, vos podés ayudarlo a volver a boca arriba.
En el enfoque de autonomía motriz, nunca se avanza por él, sino que se retrocede para devolverlo al mundo conocido, donde puede seguir ejercitando su cuerpo hasta lograr ir y venir por sí mismo. Este camino requiere tiempo, práctica y paciencia. Cada bebé tiene su ritmo, y respetarlo es una forma de cuidado que favorece tanto su desarrollo físico como su bienestar emocional.
Un proceso neuromotor complejo
El giro hacia boca abajo no es un simple cambio de postura, sino un proceso complejo de organización neuromotora. Para llegar a él, el bebé debe haber integrado habilidades previas como la rotación de cabeza, el desplazamiento del peso, la activación del tronco y la coordinación de pelvis y piernas. Cada micro‑movimiento es un aprendizaje que el sistema nervioso incorpora y refina.
Cuando el bebé gira por sí mismo:
- comprende cómo llegó a la postura,
- sabe cómo sostenerla,
- puede salir de ella cuando lo necesita.
Esto genera un control postural auténtico, base de todos los movimientos posteriores: arrastre, reptado, gateo, sentarse y marcha. Además, la postura conquistada por sí mismo fortalece la propiocepción, mejora la orientación espacial, afina la coordinación entre cabeza, tronco y pelvis y favorece la regulación del tono muscular.




Lo que ocurre cuando el adulto coloca al bebé boca abajo
Cuando el adulto coloca al bebé boca abajo sin que él haya transitado el proceso natural, el cuerpo queda en una postura que no sabe sostener. Esto puede generar rigidez en cuello y hombros, dificultades para distribuir el peso y patrones de movimiento poco armónicos, porque el bebé aún no ha construido los apoyos ni la fuerza necesarios para mantenerse en esa posición.
Además, se dificulta la comunicación visual entre vos y el bebé, ya que ninguno puede ver las expresiones del otro, lo que puede generar incomodidad emocional.
La postura inducida también limita la exploración de las manos, obstaculiza la manipulación y restringe el ejercicio activo de las piernas, afectando la tonificación necesaria para etapas posteriores como el reptado y el gateo. La mayoría de los bebés colocados boca abajo sin haber llegado por sí mismos suelen ponerse incómodos, llorar y, en muchos casos, al no tener fuerza suficiente en la musculatura cervical, la cabeza cae hacia adelante o hacia los lados, provocando golpes y malestar.
Por estos motivos, la conocida práctica de “tummy time” no es necesaria ni recomendable desde el enfoque de movimiento libre.

Por qué no recomendamos bebesit, almohadones, gimnasios y otros artefactos
En coherencia con esta mirada, ciertos objetos muy difundidos en la crianza moderna interfieren con la maduración neuromotora porque colocan al bebé en posturas que aún no puede alcanzar ni sostener por sí mismo. A continuación describo algunos de ellos; si encontrás otros, preguntate cómo se siente tu bebé allí: ¿puede moverse?, ¿puede jugar?
El bebesit ubica al bebé en una posición semisentada que exige un control del tronco que todavía no tiene. Para no caer hacia adelante o hacia los lados, activa de manera rígida la musculatura del cuello y los hombros, lo que no fortalece sino que endurece. Además, limita el movimiento libre: impide girar, rotar, explorar el suelo y salta la secuencia natural hacia sentarse, ofreciendo una “sentada” artificial. Al quedar contenido, también se restringe la exploración del entorno.
Los almohadones que sostienen al bebé sentado o recostado fijan el cuerpo en una postura no elegida. El bebé queda apoyado en superficies blandas que dificultan una distribución clara del peso y no permiten un trabajo activo del tronco. Esto afecta la percepción del eje corporal, limita la exploración y, si tiene juguetes cerca, muchas veces no puede alcanzarlos. La postura inducida genera dependencia del sostén externo y reduce la propiocepción, la estabilidad postural y la iniciativa motriz.
Los gimnasios con objetos colgantes dirigen la atención del bebé hacia arriba y concentran la experiencia en pocos estímulos suspendidos. Esto interfiere con la organización del movimiento en el plano horizontal, donde el bebé necesita explorar la riqueza que el entorno ofrece, su cuerpo y los apoyos básicos. Además, proponen acciones que aún no puede sostener y reducen la iniciativa, ya que el bebé actúa en función de lo que cuelga y no de lo que su cuerpo necesita descubrir. La frustración es frecuente: no logra tomar los objetos, llevarlos a la boca, pasarlos de una mano a la otra, agarrar, soltar o sacudir; solo puede mirarlos, sin poder explorarlos de manera acorde a su etapa de desarrollo.
NO SON NECESARIOS



Llegó a la posición de sentado
La posición de sentado suele generar mucha expectativa en los adultos. Cuando un bebé de seis meses aún no se sienta por sí mismo, es común que aparezca la ansiedad y la necesidad de intervenir. Sin embargo, cuando colocás a un bebé en una postura para la cual todavía no está preparado, le pedís que controle su equilibrio sin haber construido antes los recursos corporales necesarios. El bebé aceptará lo que le propongas porque confía plenamente en vos; no se quejará ni protestará, pero eso no significa que la postura sea adecuada para su desarrollo. Aunque el gesto esté cargado de amor, no siempre acompaña el proceso real que el bebé necesita transitar.
Para llegar a la posición de sentado de manera autónoma, el bebé debe atravesar una serie de posturas y desplazamientos previos que requieren tiempo, ensayo, fortalecimiento y mucha exploración. Antes de sentarse, gira hacia un lado y hacia el otro, repta, se semisienta, prueba diferentes apoyos y descubre cómo sostener su peso. Cada uno de estos movimientos le permite construir equilibrio postural, coordinación y confianza en su propio cuerpo. Es un proceso de descubrimiento en el que ejercita su cuerpo de manera constante.
Cuando finalmente logra sentarse por sí mismo, esa postura se convierte en una verdadera conquista corporal. Su tronco se eleva, los isquiones se apoyan firmemente en el piso, la columna se mantiene recta y los brazos y manos quedan libres para manipular objetos. Lo más importante es que el bebé puede entrar y salir de esta postura con autonomía, sin quedar “atrapado” en ella. Continúa utilizando todas las posturas y desplazamientos anteriores, porque nada se pierde en la memoria del cuerpo. Según lo que quiera conocer del entorno, se sentará, se acostará, reptará o girará tantas veces como lo necesite, ampliando su repertorio de movimientos y fortaleciendo su seguridad.




Cuando el bebé comienza a sentarse y ya domina esta postura, lo hace de muchas maneras diferentes. Existe un repertorio amplio y variado de formas de sentarse que los bebés exploran según sus necesidades, su curiosidad y su comodidad. Entre todas ellas, hay una que suele generar dudas y que con frecuencia se corrige de manera autónoma: la postura de sentado en “W”.

Me gustaría contarte que, dentro de un desarrollo sano, la postura en W es frecuente y muy utilizada tanto por bebés como por niños pequeños. No es una postura inadecuada ni preocupante en sí misma, y no es necesario corregirla cuando aparece en un niño que se mueve con libertad y transita un desarrollo motor sano. Los bebés no permanecen quietos en esta posición: entran y salen de ella constantemente, la usan por momentos y luego cambian a otra postura sin dificultad. Su cuerpo está en movimiento permanente, y esa movilidad es lo que garantiza que la postura no se vuelva rígida ni sea un problema.
Además, los bebés son profundamente inteligentes en relación con su propio cuerpo. Cuando eligen sentarse en W, lo hacen porque les permite tener todo el espacio libre frente a ellos. De esta manera pueden jugar con objetos, explorar juguetes y manipular lo que tienen delante sin que las piernas interfieran en el espacio de acción. Es una postura funcional, práctica y coherente con sus intereses de exploración.

Por eso, si ves a tu hijo sentarse de esta manera, no te preocupes: no le va a suceder nada siempre que su desarrollo sea sano y que cuente con libertad de movimiento. La postura en W es una más dentro de su repertorio corporal y, como todas las demás, aparece y desaparece según lo que el niño necesite en cada momento.
Ya se sienta… ahora quiero que camine: ¿cómo lo acompañas?
Cuando un bebé ya se sienta solo, muchas familias sienten que “lo que sigue” es caminar, y aparece la pregunta de cómo acompañarlo. Sin embargo, la marcha no es un objetivo que se enseña ni un hito que surge de repente. Es el resultado de una larga secuencia de transformaciones corporales que el bebé organiza desde la autonomía, a través de miles de experiencias que integran su sistema nervioso, su tono muscular y la percepción de su propio cuerpo.
Ponerse de pie y caminar es, para el bebé, una verdadera conquista: una afirmación de que ya puede sostenerse como el resto de las personas. Pero para llegar a ese momento, tuvo que ejercitar intensamente su cuerpo, construir un buen equilibrio postural, aprender a sostenerse sobre sus pies —una base de sustentación muy reducida— y coordinar cada parte de su cuerpo para dar los primeros pasos.
El camino hacia la marcha comienza mucho antes de que el bebé se ponga de pie. Cada postura conquistada por sí mismo —boca arriba, costado, boca abajo, arrastre, gateo, sentarse, ponerse de rodillas y finalmente ponerse de pie— es una pieza de un proceso continuo. En cada etapa, el bebé aprende cómo se llega a una postura, cómo se sostiene y cómo se sale de ella. Esa comprensión corporal profunda es la base de la estabilidad y de la seguridad en la marcha.
Cuando el bebé se mueve libremente en el suelo, acumula experiencias que fortalecen su musculatura profunda, afinan su equilibrio dinámico y le enseñan a transferir peso de manera fluida. Aprende a caer y levantarse, a regular el tono muscular sin rigidez, a coordinar la mirada con el tronco y las piernas, y a confiar en su cuerpo. La marcha autónoma es la expresión final de todo este proceso: aparece cuando el cuerpo está preparado, cuando la organización interna es sólida y cuando el bebé ha vivido suficientes oportunidades de exploración.
Por eso, acompañar no significa enseñarle a caminar, sostenerlo de las manos, colocarlo de pie o impulsarlo hacia adelante. Estas acciones interrumpen la maduración natural y lo colocan en posturas que aún no sabe sostener, generando tensiones, compensaciones y pasos inseguros. El bebé “camina” porque lo sostenés, no porque su cuerpo esté listo, y eso debilita su confianza interna y dificulta la construcción de autonomía.
Acompañar de manera respetuosa implica ofrecer un ambiente seguro, tiempo en el suelo, libertad de movimiento y una presencia adulta que observa, espera y confía. El bebé llegará a la marcha segura de manera autónoma, como llegó a cada postura anterior. Caminar no se enseña: se conquista desde adentro, cuando el cuerpo está preparado y cuando el bebé ha integrado todas las experiencias que le permiten sostenerse, equilibrarse y avanzar con armonía.



Para finalizar…
Acompañar el desarrollo motriz temprano es confiar en el ritmo propio de tu bebé. No existe una edad fija para cada postura ni un camino único: cada bebé avanza según su maduración neurológica, el ambiente que lo rodea y la libertad que tiene para explorar. Cuando le ofrecés suelo, tiempo y un espacio simple, tu bebé organiza su movimiento desde adentro, construye equilibrio, descubre soluciones y fortalece la confianza en su propio cuerpo.
La autonomía motriz no es solo un logro físico: es una experiencia emocional profunda. Cada postura conquistada por sí mismo le dice “yo puedo”, y esa vivencia sostiene su seguridad, su iniciativa y su manera de habitar el mundo. Tu rol no es acelerar el proceso, sino acompañarlo con presencia, observación y respeto. Cuando no lo apurás, le permitís disfrutar cada descubrimiento y desarrollar una relación saludable con el movimiento.
Confiá en su ritmo. Confiá en su cuerpo. Confiá en su capacidad de llegar por sí mismo a cada conquista. Cuando el bebé está preparado, lo logra; y cuando lo logra desde la autonomía, ese logro es siempre más pleno, más sólido y más suyo.
*Lic. en psicomotricidad educativa. Formación en la Pedagogía Pikler, Hungría, Budapest. Prof. de sordos e hipoacúsicos. Creadora del espacio Juego y Crianza desde el año 2015. En la actualidad trabaja acompañando a familias en la crianza de sus hijos/as, brinda talleres a familias y profesionales basados en la Ped. Pikler.
Bibliografía
Kliass, S. (2020). El arte del movimiento. Buenos Aires: Ediciones ING.
Pikler, E. (2019). Moverse en libertad: desarrollo de la motricidad global. Buenos Aires: Noveduc.
Usel, M. (2017). Microcosmos del movimiento: observación del desarrollo motor espontáneo. Barcelona: Graó.
[1] Las imágenes fueron generadas mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos.
Buscan aproximarse a la realidad y reflejar situaciones cotidianas del desarrollo infantil.
